Preguntas frecuentes sobre micropigmentación
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La sensibilidad puede variar de una persona a otra, pero una micropigmentación bien realizada no debería convertirse en una experiencia dolorosa. En ROUS solemos explicarlo así: aproximadamente un 40 % de la comodidad depende de la anestesia tópica y un 60 % de la técnica y de la mano de quien realiza el procedimiento. Trabajamos de forma precisa y poco invasiva, cuidando la piel y evitando traumatizarla innecesariamente. Por eso nuestro objetivo es que vivas una experiencia cómoda, tranquila y prácticamente sin dolor.
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La duración depende de la técnica, el tipo de piel, la zona tratada, los cuidados posteriores y factores como la exposición al sol. Como referencia, el Microblading suele mantenerse alrededor de 12 a 18 meses; otras técnicas pueden conservarse por más tiempo y van perdiendo intensidad de forma gradual.
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La cicatrización superficial suele tomar aproximadamente 7 a 14 días, aunque el pigmento continúa asentándose durante unas cuatro semanas. Durante ese proceso es normal que al principio el color se vea más intenso y, después, al comenzar la descamación, pueda verse temporalmente más opaco, claro o incluso “deslavado”. Esto no significa necesariamente que el pigmento no haya fijado correctamente.
Entre la primera y la segunda semana pueden aparecer pequeñas costras o descamación, que deben caer por sí solas. Conforme la piel termina de recuperarse, el color vuelve a definirse y a integrarse de manera más natural.
Por eso, en ROUS recomendamos no evaluar el resultado demasiado pronto. El resultado puede apreciarse con mucha mayor claridad alrededor del primer mes, momento en el que también puede valorarse si realmente es necesario algún ajuste o retoque.
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En ROUS realizamos primero un estudio de visagismo, es decir, una evaluación visual y analítica del rostro en conjunto para diseñar unas cejas que armonicen realmente contigo.
Se observan factores como la forma y proporciones del rostro, frente, mandíbula, nariz, ojos, distancia entre facciones, nacimiento del cabello, expresión natural y simetrías. También se consideran el tipo y tono de piel, si es grasa, seca o presenta características particulares, la cantidad de vello natural y la existencia de trabajos anteriores que puedan modificar el diseño.
Con toda esa información se determina qué técnica puede favorecerte más —Microblading, Ombré Brows, híbrida, compacta u otra opción— y se adapta el diseño a tus facciones. No se trata solo de medir y trazar una ceja; se trata de entender el rostro completo antes de realizar el primer trazo.
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Antes de cada procedimiento realizamos una valoración. No realizamos micropigmentación durante el embarazo ni en personas con tendencia a formar queloides; las personas con diabetes deben encontrarse controladas. También es importante informar sobre enfermedades, medicamentos, lesiones o infecciones activas en la zona y cirugías próximas, ya que en algunos casos el procedimiento debe posponerse o requerir valoración médica. La micropigmentación, como cualquier procedimiento que rompe la barrera de la piel, puede implicar riesgos de infección, reacción alérgica o cicatrización anormal.
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El retoque se valora una vez que la piel ha completado su proceso de cicatrización y el pigmento se ha asentado, normalmente entre la cuarta y la quinta semana. En ese momento podemos observar con mayor claridad cómo retuvo el pigmento la piel y si existe alguna zona que realmente necesite ajuste o perfeccionamiento.
No todas las personas necesitan retoque. La retención puede variar según el tipo de piel, los cuidados posteriores, la exposición al sol, el proceso natural de cicatrización y otros factores. Por eso es importante esperar a que la piel termine de recuperarse antes de decidir si es necesario intervenir nuevamente.
Cuando sí hace falta, se evalúa cada caso de manera individual para distinguir entre una pérdida normal de pigmento, alguna zona que necesite perfeccionarse o factores relacionados con los cuidados y características propias de la piel.
Con el paso del tiempo, cuando el pigmento ya ha perdido intensidad de manera natural, ya no se considera necesariamente un retoque del procedimiento inicial, sino que puede requerir una nueva valoración y, en su caso, un nuevo procedimiento.